prologo:
Inhaló el cigarrillo, llenando sus pulmones de humo mientras se recostaba cómodamente en el banco del parque, observando las estrellas. El ambiente no estaba ni frío ni cálido; era una noche templada, agradable para ser verano.
Exhaló el humo con una leve risa al sentir la vibración en su bolsillo. Su teléfono sonaba, pero no atendió. Cerró los ojos, complacido con el rumor de los autos que cruzaban la avenida cercana y el canto de los grillos entre los arbustos. La brisa mecía los árboles, y el teléfono seguía vibrando.
—Jeje...
Rió y dejó que siguiera sonando. Su risa pronto se tornó en una burla hacia sí mismo, hacia su situación y hacia toda su vida. La angustia y la depresión lo consumían; se sentía completamente perdido. Vacío.
Observó el remitente y, tal como imaginaba, era su esposa. O bueno, a partir de ahora quizás debería llamarla "ex esposa". La había descubierto siéndole infiel en su propia casa. Mientras él realizaba un viaje de negocios, ella metía a otro hombre en su cama.
Fue pura casualidad. El viaje se canceló a mitad de camino y regresó un día antes de lo previsto, pensando en darle una sorpresa. Iba a ser un bonito fin de semana; incluso había comprado entradas al cine porque hacía tiempo que no salían. Pero al llegar, se encontró con ella desnuda, montando al vecino.
Y ahora, como un alma en pena, estaba simplemente sentado en el parque, de noche, replanteándose su existencia. Casi siete años de matrimonio se habían ido al drenaje en una sola noche. Es increíble lo rápido que una relación tan larga puede hacerse pedazos.
—Ah... —soltó un largo suspiro.
Dio otra calada al cigarro y, harto del ruido, apagó el teléfono. Pensó en llamar a algún amigo, pero se dio cuenta de que no veía a nadie hace años. Desde su casamiento, sus amistades se habían ido diluyendo. Ahora, irónicamente, estaba completamente solo.
Un vacío enorme se había abierto en su pecho y no sabía cómo llenarlo. ¿Qué debería hacer de ahora en más? No tenía la más mínima idea.
Exhaló el último rastro de humo y se recostó en el banco, apoyando la cabeza sobre su maletín, lo único que se llevó al huir de casa. Ahora solo quería dormir. Quizás... mañana pensaría en qué hacer.
**
“¡Habla! ¿¡Como llegaste a este lugar!? ¿¡Quién te ha
enviado!?”
Cuando despertó, se dio cuenta de que estaba parado en medio
de un bosque.
Ancianos y hombres jóvenes temblorosos y aterrorizados
estaban en el suelo, atados con una cuerda. Sus cuerpos mostraban signos de haber
sido golpeados. Algunos tenían moretones en brazos y piernas y otros directamente un ojo morado e hinchado. Aunque lo mas llamativo, eran sus ropas; túnicas antiguas y sucias de
cuello amplio y pantalones ajustados en los tobillos, también con barro.
Su día parecía no dejar de empeorar.
Girando su mirada, vio un grupo de cabezas calvas y aspecto rudos rodeándole con lanzas apuntando a su cuerpo.
Un calvo con cuerpo musculoso y casi una cabeza entera mas alto, se acercó y se paro delante. Su enorme cuerpo se sentía como una montaña tapándole el sol.
Lo miro de arriba abajo, examinando su traje de oficina, su maletín en mano, su
cabello... Luego, con expresión desorientada y confundida se rasco la cabeza con los dedos, y pregunto:
“¿Quién diablos eres tú?”
“¡Hermano mayor, ten cuidado! ¡Apareció de la nada!”
“¡Podría ser un cultivador!”
“¡No dejen de apuntarle, cualquier movimiento extraño, mátenlo!”
“…”
¿Quién soy yo?
Esa pregunta calo en su mente.
Era una pregunta tan simple, tan básica, pero que por muy raro que pareciese… ahora mismo, no podía contestar.
O mejor dicho, no sabía como contestar.
Su nombre, no podía recordar su nombre.
¿Qué diantres?
Recordaba estar en el parque, lamentando la traición de su esposa. Recordaba gran parte de su vida, crecido en un hogar pobre, criado por madre soltera, trabajando en una oficina bajo el yugo de un jefe gritón y malhumorado; pero por alguna razón desconocida, no podía recordar algo tan esencial como su propio nombre.
"..."
Su tardío silencio incomodo provoco que los hombres lo miraran con sospecha y cautela.
El calvo musculoso contrajo los músculos de sus enormes brazos, mientras fruncia el ceño. Parecía prepararse para desatar el caos. Si no respondía, probablemente ese enorme puño iría hacia su cabeza.
“¡Habla de una vez!” rugió el calvo, perdiendo la paciencia.
“Yo… no lo sé,” logró decir por fin, con la voz algo quebrada.
“Estaba en un parque… en la ciudad. No sé cómo llegue aquí.” Admitió.
Los hombres se miraron entre sí: “¿Ciudad?” “¿parque?”. Las palabras
no tenían sentido para ellos. El lugar era un bosque, un bosque en medio de una
zona montañosa. Muy alejado de cualquier rastro de ciudad cercana o de aquello
llamado parque. De hecho, el pueblo más cercano estaba a un par de días de
viaje que es desde donde venían. El líder calvo soltó una carcajada seca y, sin
previo aviso, lanzo un puñetazo en su estómago.
El golpe fue tan repentino, que le robo el aire. Cayo de
rodillas, vomitando bilis sobre la hierba.
“Un espía idiota, entonces. Atenlo con los demás. Si no sirve
para dar información, servirá para alimentar el pozo del maestro.”
Fue golpeado, pateado y finalmente, arrastrado. Sus manos
fueron atadas con una soga de cáñamo áspera que le cortaba la circulación. Lo arrojaron
a una carreta de madera junto al resto de hombres y ancianos secuestrados. El movimiento de la carreta inicio con el relincheo
de los caballos. Consumido por el pánico, intento arrastrarse pero un golpe en
la nuca termino por sumirlo en la oscuridad.
**
Cuando recuperó el sentido, noto el olor a incienso barato en
el aire y sangre seca le lleno la nariz.
Estaba en el fondo de un foso de piedra, de unos cinco metros
de profundidad. A su alrededor, el anciano y otros tres jóvenes despertaban y
sollozaban. Arriba, en el borde del pozo, varias figuras con túnicas rojas
oscuras observaban. Por su complejidad física, pudo reconocerlos como los
calvos que lo secuestraron. De hecho, aquel calvo gigante y musculoso destacaba
entre el grupo de túnicas.
En el centro del foso, sentado en posición de loto sobre una
plataforma de madera, estaba un sujeto.
Era un monje de aspecto anciano con intrincada barba, cabeza
calva al igual que el resto y cuya piel tenia un brillo poco natural. Casi enfermizo.
Estaba en una meditación tan profunda que parecía una estatua. Sin embargo, el
aire a su alrededor vibraba con una estática opresiva.
Tuvo un enorme mal presentimiento.
“¡Tos! ¡Tos!”
El monje anciano repentinamente comenzó a toser bruscamente
sangre.
“¡Por favor! ¡Tengo una familia rica en la aldea, mi nombre
es Lin Ming! ¡Mi padre puede darles mucho dinero!” grito uno de los jóvenes, intentando
acercarse a la plataforma de madera.
El monje abrió un ojo. No había pupilas, solo un remolino de energía
negra.
De repente, una cosa salió disparada desde debajo de la túnica
del monje.
Un tentáculo, largo y baboso como la parte de una criatura
desconocida, salió disparada como una lanza. El joven que estaba por dar otro
paso adelante, apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que su cabeza
explotara en mil pedazos. Gritos de pánicos se oyeron, y el anciano junto con
el resto de jóvenes aun vivos corrieron para alejarse.
“¡Un cultivador demoniaco! ¡es un cultivador demoniaco!”
grito uno de los jóvenes.
“¡Corran si quieren vivir!” aulló otro.
Todos intentaron correr hacia las paredes, queriendo escalar
para salir de la fosa.
Pero arriba, la risa del calvo musculoso estaba esperando. Cualquiera
que estuviera por alcanzar la cima, era derribado por un puñetazo o un puntapié
en la cara.
¡Mierdas, mierda!
¡Esto no puede ser real!
Agarrándose del pelo, en desesperación él también se alejó
del monje.
Vio desde lejos como, repentinamente el cuerpo de aquel joven
sin cabeza comenzaba a estremecerse. Pedazo de carne comenzó a flotar en el
aire, y como si una especie de vórtice invisible estuviera absorbiéndolo, el
cuerpo y la carne comenzó a marchitarse como una fruta seca en segundos. Todo. Desde
carne, sangre e incluso sus huesos fueron succionados, convirtiéndose rápidamente
en hilos rojos que volaron hacia el cuerpo del monje.
En un instante, solo quedaron algunos huesos polvorientos y
una túnica vacía.
Y en contrapeso, la apariencia casi enfermiza del monje parecía
recuperar algo de color natural.
“¡Esta funcionando! ¡El maestro está teniendo éxito en
eliminar la marca dao!”
“¡Lo hemos logrado! ¡Hemos vencido al castigo de la tribulación
divina!”
Gritos fervorosos y excitados se escuchaban desde arriba.
¿marca dao? ¿tribulación divina?
Él no entendía lo que decían.
Lo único que podía entender es que si no hacia algo, pronto terminaría
igual a aquel joven muerto.
“¡Jajajaja, finalmente estas empezando a inquietarte!
¡Maldita marca dao negativa, pronto te extirpare de mi cuerpo y seré libre! ¡Viviré
y seré libre por siempre!” grito repentinamente el monje, riéndose a cantaros.
Como representando el estado extasiado del monje, el mismo tentáculo
volvió a atacar. Esta vez, se precipito hacia el anciano y lo envolvió. El anciano
grito de pánico, pero rápidamente su cuerpo se marchito y murió. La tez del monje
volvió a mejorar, y una extraña energía parecía comenzar a agitarse dentro del
cuerpo del monje.
La extraña energía golpeo caóticamente, y el monje maldijo en
voz alta mientras tosió una bocana de sangre.
“¡Tos, tos! ¡Maldita marca, aun no te rindes!”
El tentáculo volvió a arremeter, y dos jóvenes fueron capturados
y rápidamente convertidos en meros huesos y ropa vacía.
Cuando el tentáculo volvió a atacar, él corrió y por escasos centímetros,
logro esquivar el ataque con un salto vertical.
El monje río como si estuviera divirtiéndose ver correr a una
rata enjaulada.
Arriba, los sectarios calvos también se divirtieron.
Jadeando por aire, él busco desesperado cualquier forma de
salvarse. Pero aparte de usar algunos de los huesos dejados por los jóvenes asesinados
como arma, no encontraba ideas mas favorables. Sumado a ello, que para intentar
atacar al monje anciano primero tendría que lograr acercarse, y eso era imposible
con aquel tentáculo dando vueltas.
Mientras se debatía que hacer, repentinamente sintió como el
mundo se volvió más pesado.
¿Eh?
No tuvo tiempo a reaccionar cuando una presión gravitacional
invisible cayo sobre él como si una montaña le aplastara los hombros.
Sus rodillas crujieron y su cuerpo se desplomo sobre el
suelo.
Soltó un grito de dolor mientras sentía el peso aplastándolo.
“Pequeño ratón, no piense que puedes huir de este lugar. Tu vida
me servirá como pago para la eliminación de mi marca dao defectuosa. Siéntete
agradecido, tu existencia servirá para que pueda continuar mi avance hacia el
tercer nivel de cultivo.”
La presión era tal que sus pupilas se contrajeron y las venas
se comprimían. Justo cuando sentía que su columna vertebral se partiría… la presión
desapareció de golpe.
El monje frunció el ceño.
Los sectarios calvo se miraron los unos a los otros
confundidos.
El monje cerro los ojos por un segundo, y de repente, sus
ojos se abrieron de par en par, lleno de chispas de alarma. Se levanto de un
salto, ignorando el sacrificio a medio terminar y miro hacia el cielo del
norte.
“Tsh…” maldijo el monje con una voz que sonaba como lija
sobre piedra. “Realmente hoy los cielos no están de mi lado. Aun no termino de
recuperarme, y todavía tengo esta cosa pegada en mi interior. Si peleo en este
estado, será difícil vencer. ¿Debería huir?”
Mientras el monje se debatía en darse media vuelta, y tomar
carrera.
Una onda de energía repentinamente se cerró a su alrededor, atrapándolo.
El monje tembló de enojo.
La opción de huir acababa de ser cortada.
A lo lejos, un silbido agudo, como el de un proyectil
rasgando el viento y las nubes, comenzaba a crecer en intensidad.
“¡Maestro, algo se acerca!” grito el calvo musculoso, poniéndose
pálido mientras señalaba a dios siluetas que se abrían paso entre las nubes
nocturna y descendían.
Ambas siluetas llegaban montando unas bestias aladas
majestuosas, de enormes alas amplias cubiertas con plumas iridiscentes que resplandecían
en tonos rojizos bajo el velo de la luz lunar. Sus cuerpos alargados,
recordaban vagamente a felinos, pero con enormes picos de cuervo y ojos
inteligentes. Eran grifos espirituales.
Cada batir de sus alas hacia vibrar el aire del bosque
entero.
Sobre uno de ellos viajaba un joven vestido con túnicas claras,
bordadas con símbolos dorados austeros. Su espalda estaba recta, el rostro
serio y los ojos llenos de una furia contenida.
En el otro, una mujer de expresión fría y mirada afilada
como cuchillas. Su túnica verde ondeaba con el viento, y una espada flotaba a
su lado, sostenida por pura energía espiritual.
“S-Son cultivadores…” susurro uno de los calvos sectarios,
retrocediendo. “¡Cultivadores de una secta ortodoxa!”
El monje apretó los dientes con fuerza.
El tentáculo bajo su túnica se agito violentamente,
golpeando el suelo del foso como si algo dentro de él estuviera en pánico.
“¡Maldita sea…!” escupió sangre el monje, mientras palidecía.
En su interior, esa maldición que lo carcomía comenzó de nuevo a agitarse. “¡Ahora
no!” bramo, la sangre comenzaba a empapar su barbilla.
Los grifos descendieron como cometas.
El impacto del descenso de dos cultivadores, dos inmortales,
fue devastador para simples mortales.
Una explosión de energía sacudió el foso. La plataforma de
madera donde el monje meditaba estalló en pedazos, lanzando tablones, polvo y
rocas en todas direcciones.
Como un castillo de naipes, la estructura se vino abajo.
Y él no tuvo tiempo a reaccionar.
Un fragmento de madera le golpeo el costado. Luego otro en
la cabeza. El mundo giro, y lo ultimo que alcanzo a ver fue como todo se le
vino encima. Intento arrastrarse, pero no era lo suficientemente rápido. Al segundo
siguiente, sintió como algo crujía dentro de él antes de terminar bajo los
escombros.
Sangre le lleno la boca.
No pudo gritar.
La oscuridad lo reclamo mientras su cuerpo quedaba medio
sepultado bajo restos de piedra y madera.
**
Del otro lado, el monje se limpio la sangre de la boca y decidió
atacar a la pareja.
Su enorme tentáculo salió disparado hacia la mujer a una
velocidad apenas perceptible con la simple vista. Era decenas de veces más rápido
de cuando había apuñalado a esos simples mortales. Pero esta vez, se enfrentaba
a oponentes reales.
Quizás si hubiese estado en mejores condiciones, estos dos
no hubieran representado una amenaza.
Pero ahora él estaba…
“¡tos, tos!”
Vomito sangre.
Sus venas se apretaron, mientras su tentáculo tembló en el
aire.
La espada de la mujer brillo, y un gran corte apareció en su
tentáculo.
Soltó un bramido, mientras salto por los aires y levanto el tentáculo
para bloquear el puño del joven. El impacto lo hizo estremecerse de dolor
mientras voló de regreso al suelo, impactando de lleno y levantando un aluvión de
tierra y polvo.
**
“Que extraño, pensé que ibas a ser mas problemático, pero
resultaste mucho más fácil de lo que creí.” Quinn Lin comentó, mientras flotaba
en el aire. A su lado, la mujer asintió.
“Parece bastante débil y enfermo, su energía interna esta caótica
y fuertemente consumida”
“¿una marca fallida?”
“es posible.” Afirmo la mujer.
El monje apenas salió arrastrándose del agujero. Vomito sangre
en el suelo, mientras su cuerpo temblaba de dolor. Su ropa estaba desgarrara y
sus órganos internos estaban gravemente dañado. La marca dao dentro de su
cuerpo estaba agitándose como una bestia enloquecida. La energía en su cuerpo
apenas aguantaba para poder arrastrarse.
¡No puedo! ¡No puedo morir así!
¡Soy Yun Chen!
¡Soy el inmortal Yun Chen de los nueves cielos, no puedo
morir a manos de estos débiles!
El monje grito con fuerza mientras lanzo un golpe con su
puño.
La energía salió como una bala.
Pero fallo.
La mujer cultivadora apareció a su espaldas como una sombra.
Un solo gesto, preciso, y una ráfaga de energía lo atravesó. El monje de ojos
abiertos, cayo de rodillas al suelo. Pasmado. Sin poder creerlo.
La mujer no le dio mas importancia, camino por delante del
monje, siguiendo al joven cultivador que se había alejado para ver algo.
“un cultivador demoniaco…” dijo el joven, apretando los
puños al ver los huesos esparcidos en el suelo junto a desparpajo de ropas
abandonadas. “llegamos demasiado tarde.”
El monje que observaba a la pareja a lo lejos, tembló.
Su cuerpo se convulsiono violentamente y, entre la sangre
que brotaba de su boca, algo parecía moverse y emerges.
Una pequeña lombriz negra, brillante y viscosa, emergió
entre los coágulos. Se retorció, como si estuviera viva… como si pensara.
El monje la vio.
Y comenzó a reír.
“Je…jejeje…”la risa se mezclo con la sangre. “Todo este tiempo…
negándote a dejarme…” murmullo, tosiendo con violencia. “Años… tantos años intentando
arrancarte de mi cuerpo… y ahora… ahora que me estoy muriendo… decides huir…”
La lombriz se retorció con mas fuerza y se deslizo, arrastrándose
por el suelo y alejándose.
“Maldita seas…” susurro el monje, con una sonrisa torcida. “Realmente
eres… la peor marca dao de todas…”
Una fina línea sangrienta se fue revelando en su cuello.
Y finalmente, su cabeza cayo hacia adelante.
El ultimo aliento escapo de sus labios y murió.
**
La lombriz negra avanzo entre los escombros.
Moviéndose lejos de la pareja.
Se detuvo.
Percibió algo a poca distancia.
Pulsaciones.
Vida.
Se deslizo hasta un montón de restos de madera y piedra. Allí,
inconsciente, yacía él. Su boca estaba ligeramente entreabierta, el pecho
apenas subía y bajaba.
La lombriz se irguió… y se lanzó como una lanza.
Desapareció dentro de su boca.
**
Arriba, los sectarios calvos huían despavoridos entre los árboles.
La mujer cultivadora frunció el ceño y dio un paso al frente,
flotando.
“No.” Dijo el joven, deteniéndola con una mano. “No valen la
pena. Son mortales… probablemente fueron forzados a obedecer.”
Ella lo observo un segundo, luego asintió con disgusto.
Ambos caminaron de regreso hacia el monje decapitado, y revisaron
entre sus ropas.
Recuperaron una vieja insignia del monje que serviría como
prueba de tarea completada.
Estaban por marcharse, sus bestias voladoras relinchaban y
pateaban el suelo impacientes.
Casi como dos niños con ganas de volver a casa rápido.
Pero entonces, el joven se detuvo.
“espera.”
Cerro los ojos.
“Hay… una señal de vida.”
Ambos caminaron entre los escombros, apartando resto de
maderas rotas y piedra. Finalmente, levantaron cuna viga.
Allí estaba él.
Cubierto de sangre.
Inconsciente… pero respirando.
“El único sobreviviente…” murmuro el joven.
La mujer lo observo en silencio.
“Vamos a llevarlo a la secta.”
El grifo extendió sus alas.
El joven aventó el cuerpo inconsciente encima de la bestia
voladora, y se subió a su montura.
Dos bestias voladoras ascendieron y desaparecieron en el
horizonte.
Está bien, aunque creo que se puede mejorar. Y sí, aquí no se distingue muy bien al protagonista, de hecho, no siquiera tiene un nombre.
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