Prólogo
"¡Ríndete Zero! ¡Estas arrinconado, ya no tienes
escapatoria!"
"¡Una rata traidora como tú no merece piedad alguna!
¡Lamentaras el día que decidiste traicionar a la organización!"
"¿¡Creías que lograrías escapar vivo luego de habernos
traicionado!? ¡Jajaja! ¡Incluso si eres el mejor asesino del mundo, para el poderío
de la organización no eres más que una simple y apestosa cucaracha a la cual puede
aplastar en cualquier momento!"
Gritos de voces airadas vinieron de todas las direcciones.
En este momento, bajo un cielo nocturno de verano una enorme
multitud rodeaba todas las entradas y salidas de una vieja fábrica abandonada
en las afueras de la ciudad. Autos militares estaban estacionados a lo lejos,
con metralletas listas para abrir fuego a la más mínima orden. Un helicóptero sobrevolaba
la zona. El lugar estaba totalmente sellado al punto que ni una mosca podría
escapar sin ser avistada por los radares de calor.
Dentro de la vieja fábrica, en un rincón aislado se
encontraba un hombre totalmente bañado en sangre. Su cuerpo era un caos
completo, múltiples cortes recorrían todo su cuerpo y algunas heridas de balas
sin sanar estaban expuestas a simple vista. Claramente la situación de su
cuerpo estaba en una situación de extrema gravedad y desangrado.
Pero pese al estado grave de su cuerpo, el hombre permanecía
imperturbable a los sonidos de afuera. Su rostro no mostraba expresión alguna y
sus ojos permanecían fríos y afilados. El hombre abrió una botella de agua y vertió
el agua sobre sus heridas para lavarlas. Si bien su cuerpo estaba bañado en
sangre, gran parte de ella no era suya.
Sino de…
Los múltiples cuerpos cortados y desmembrados que rodeaban
el lugar.
Debajo de sus pies, en un radio de varios metros, había
innumerables extremidades y pedazos de cuerpos que goteaban sangre en el suelo.
"…"
El hombre miro todos los cuerpos muertos que le rodeaban y entrecerró
sus ojos con odio y rencor.
Todo por culpa de estos malditos.
Pese a la calma del rostro del hombre, su pecho se agitaba
violentamente acorde a su respiración agitada y ronca, mientras que sus brazos
y piernas temblaban de agotamiento y su cabello negro sucio y desordenado se mecía
con la ligera brisa que entraba.
Haciendo uso del reflejo de un pequeño trozo de vidrio, el
hombre observo como la entrada y salida de la fábrica estaba completamente bloqueada
por los hombres enviados por la organización.
Estos tipos habían estado persiguiéndole durante varios
meses enteros. Hoy habían logrado acorralarlo en esta fábrica abandonado y
dejarlo sin chances de escape. Estaba totalmente arrinconado.
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