Episodio 01 – Episodio 01

¿Por qué me sucede esto a mí?

¿Qué hice mal para merecer esto?

Esas eran las preguntas que inundaban la mente de Ryan en estos momentos.

Ahogado por el cansancio, con todo su cuerpo empapado en sudor y su camiseta pegada asquerosamente a su piel, Ryan sintió que estaba al borde del desmayo. Sus piernas se movían por puro instinto de supervivencia mientras sus músculos parecían gritar de dolor en sus oídos. 

Ryan quería detenerse a tomar un descanso.

El sol brillante en lo alto parecía estar cocinándolo al aire libre, mientras el aire quemaba sus pulmones. Cada respiración se sentía como cuchillos calientes atravesándole el pecho.

En serio, Ryan sentía que en cualquier momento caería rendido sobre la arena.

Sus piernas cederían al agotamiento, y se desplomaría.

Pero sorprendentemente, la capacidad humana ante el peligro inminente es impresionantemente resistente. Ese instinto y adrenalina de supervivencia que por tanto tiempo a acompañado al ser humano desde tiempo prehistóricos estaba a pleno motor en estos momentos.

Así es. Ryan en estos momentos… está huyendo por su vida.

*Jadeo*

*Jadeo* *Jadeo*

Soltando jadeos al borde del desmayo, con lágrimas en su rostro y sudor cubriéndole todo el rostro y empañando su visión ya de por si borrosa, Ryan volteo la mirada por detrás de su hombro para ver la enorme marea de arena que corría tras de él.

“¡M-mierda!”

Lloró Ryan, casi como un niño maldiciendo ante la mala suerte.

“…Deja de perseguirme… ¡N-No soy tu maldita comida!”

Bramó con frustración y enojo.

Un chillido agudo no humano parecía responderle desde atrás.

La horrible criatura del tamaño de un camión mediano con enormes patas y un cuerpo brindado de roca rojiza mira a la deprimente presa con pleno éxtasis, lleno de emoción ante el delicioso bocadillo que le cayó del cielo. Su saliva babosa y acida de tono verde quemaba la arena bajo sus pies, mientras aceleraba sus enormes patas picudas levantando una avalancha de arena con cada zancada.

Ryan solo podía maldecir mientras intentaba encontrarle sentido a la serie de caóticos eventos que habían ocurrido desde esa misma mañana.


••••



"¿Por qué me está pasando esto…?" pensó Ryan, con la garganta seca y el pecho ardiendo.

Sus piernas, al borde del colapso, seguían corriendo solo por inercia. Cada paso dolía. Cada bocanada de aire era como tragar fuego. El sol lo cocía desde arriba, y la arena le abrasaba los pies a través de los zapatos.

El sudor le empapaba la cara. No podía ver con claridad.

Jadeo. Jadeo.

"¡M-mierda!" soltó entre lágrimas, volteando la mirada por encima del hombro.

La criatura seguía allí.

Un monstruo blindado en roca rojiza, del tamaño de un camión, levantaba nubes de arena tras cada zancada. Su baba verde chisporroteaba al tocar el suelo. Un chillido agudo, inhumano, le perforó los oídos.

"¡Déjame en paz! ¡N-no soy tu maldita comida!"

Pero lo era.


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