Capítulo 01


Era un lunes temprano en la mañana, mientras deslizaba mi dedo por la pantalla de mi teléfono inteligente, escuche unos pasos ligeros pero apresurados que se asercaban.

El sonido de los tacones familiares se detuvo al otro lado de la puerta.

“¿Quinn? ¿Estás ahí?”

Se escucho el clic del picaporte.

La puerta se abrió con cuidado, como si quien estuviera detrás dudara en entrar. Una figura delgada cruzo el umbral. Llevaba una carpeta algo doblada y apretada contra su abultado pecho, unas gafas colgaban del cuello con un cordón de color chillón. La reconocí al instante como la profesora Suzanne de mi clase.

Ella abrió sus ojos al verme, su expresión en pocos segundos parecía cambiar entre asombro, incredulidad, luego vino un reflejo de ira, enojo; ella parecía reflejar el enojo que yo debería de mostrar, luego su mirada bajo al suelo y apretó sus puños en frustración y tristeza.

“…El director me informo que estabas aquí.” Murmulló Susan, su vos tenia ese tono amable característico el cual intentaba zona natural, aunque a veces como profesora primeriza, se le notaba que no estaba acostumbrada a tratar con adolescentes. Siempre me pareció una universitaria colada entre los adultos en la sala de profesores, con sus zapatillas blancas, su peinado improviso y ese brillo en los llenos de amor por la enseñanza, algo que el resto de profesores con su miradas frías y olor a tabaco en la ropa parecían haber abandonado hace tiempo.

“Sabes…” alzo su mirada Susan, mostrándose enojada: “¡Puedo ayudarte, Ethan! Soy tu profesora, puedes confiar en mí. Si el director y las autoridades del colegio se niegan a actuar, podemos recurrir a la policía.” 

Susan se acercó hasta el borde de mi cama mientras golpeaba sus brazos en la cama, mirándome a los ojos reflejando la resolución y determinación en sus ojos grandes. Sus mejillas regordetas de alguna forma lucían infantil y no acorde a esa expresión determinada en sus ojos. Sé que la profesora estaba intentando ayudarme. Ella era una buena persona.

Ella estaba poniendo en peligro su trabajo y toda su carrera por ayudarme.

Pero…

“No es necesario profesora,” negué su declaración con una débil sonrisa, “estoy bien, simplemente volví a tropezarme. Soy un idiota como veras.

“¡E-Estos golpes no lo producen un simple tropiezo!” bramo impotente la profesora. De alguna forma, la tristeza en su bramido y sus ojos brumosos casi al borde de las lágrimas realmente me conmovían.

Y tiene razón.

Mi rostro ahora estaba repleto de golpes, mi ojo hinchado morado y toda mi ropa con signos de golpes y marcas de patadas. Lo mire por donde lo mires, todas estas señales no eran marcas de una simple caída, sino de golpes de personas.

Hoy en la mañana volví a recibir una fuerte paliza detrás de la escuela.

Un grupo de matones escolares me arrinconando y estuvieron moliéndome a golpes hasta dejarme desmayado. por suerte mis huesos son fuertes, y fuera de varios moretones y un ojo hinchado como un globo de mar, no hubo fracturas ni desgarros. Aun así, mi apariencia es un desastre.

Pero cómo un simple huérfano sin padres responsables; ¿Que podía hacer cuando mi hermano adoptivo e hijo de uno de los empresarios más poderosos que financia a la escuela, decidía darme una paliza para desahogarse?

Nada.

No podía hacer nada.

Ni la escuela lo haría.

Nadie se atrevía a meterse y arriesgarse a ofender al rico empresario.

Todo quedaba encapsulado en una simple discusión de hermanos.


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