CREO QUE ENCONTRE EL TONO QUE DEBERIA TENER MI PROGAONISTA PARA TUTORIAL QUEST:
Aquel sonido volvió a escucharse, esta vez más cerca. Sentí cómo los pelos se me erizaban; tragué saliva como si fuera un acto de valentía. Miré en la dirección del ruido y, sin pensarlo mucho (mentira: sí lo pensé), di varios pasos atrás. Con toda la naturalidad del mundo -o al menos intentándolo-, saqué de la mochila tres cuchillos y cuatro sartenes. Me coloqué todos los talismanes que había traído; si alguien me viera pensaría que estoy listo para un exorcismo, no para una pelea.
Mi lema: los precavidos siempre llevan más accesorios que dignidad.
Antes de venir, había arramblado con todas las cuchillas y talismanes disponibles en la biblioteca. No por cobardía, claro, sino por… previsión. Tras cubrime de talismanes (ahora más rechoncho que siempre por el volumen extra), me puse en posición de combate con la misma seriedad con la que uno se pone una bata de domingo. —Bien, ¡estoy listo! —dije, con voz firme— y empecé a… retroceder lentamente.
Uno, dos, tres, cuatro… siete, ocho, diez, doce. Retrocedía como quien recita los pasos de una danza poco honrosa procurando no hacer ruido. ¿Cobardía? No, prefiero llamarlo “prudencia estratégica”.
Soy pacifista; la violencia me da urticaria. Si puedo, voy a revisar la cueva otra vez por si hay una segunda salida antes de enfrentarme a lo desconocido. Tengo una sola vida —y además bastante cara—; esto no es un videojuego donde puedes cargar la última partida.
Me secué el sudor frío con el remangar de la camisa y, al alejarme lo suficiente para que la opresión del peligro dejara de mordisquearme el cuello, solté un suspiro que pretendía sonar épico y sonó más como un intento fallido. Eso estuvo cerca.
Guardé una de las cuchillas y dejé dos a mano “por si acaso”. Hice lo mismo con los talismanes: la mitad a la mochila, la otra mitad bien ajustada bajo la ropa, por si alguien llegaba y quería impresionarse con mi equipo de supervivencia. Sí, me estaba protegiendo. También, por si alguien cuenta la historia, poder decir después que lo intenté.
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