Capítulo 01 (Quin Lin - Primera Persona)
“—¿Dónde diablos se metió ese enano!?”
“¡Maldición, estoy empapado en Coca-Cola! ¡Me siento todo pegajoso!”
“Busquemos por los alrededores, no debe haber ido muy lejos.”
Contuve la respiración en el interior de un casillero en la enfermería. Mis latidos estaban acelerados. Escuché el eco de los matones en el pasillo escolar, y cuando el sonido se fue alejando hasta desaparecer por completo, dejé escapar un suspiro de alivio. Mis piernas se aligeraron y perdieron fuerza.
...Al fin se han ido. Tuve suerte.
Solté una risa nerviosa para aliviar mis nervios. Con extremo cuidado, casi como si fuese un siervo observado, salí del casillero. Asomé la cabeza, ajustando mis anteojos de vidrio circulares y empujándolos hacia arriba. Los cristales, ligeramente empañados, se alinearon perfectamente con mis ojos, reflejando un leve brillo del sol entrante.
Escudriñé el entorno, de derecha a izquierda. Antes, en medio de mi huida desesperada, no me había percatado de dónde estaba. Simplemente entré en un salón y me lancé de cabeza a un casillero para no ser encontrado.
Pero ahora tenía tiempo para analizar: observé un par de camas individuales cubiertas por sábanas blancas, suministros médicos ordenados en un estante bajo llave, una bata de enfermero, tijeras, libretas, y un entorno tranquilo y bien iluminado. Una brisa fresca entraba por la ventana abierta y las cortinas se mecían suavemente.
Sí, en mi huida, terminé metiéndome en la enfermería escolar.
Algo asustado, miré al escritorio de la enfermería y suspiré aliviado de que la maestra encargada no estuviera presente. Una taza de café a medio terminar estaba sobre el escritorio, así que intuí que probablemente salió a comprar o quizás a fumar. De igual modo, fue un alivio que no estuviera.
¿Pero cómo diablos terminé en esta situación? Solo podía maldecirme a mí mismo por ser un idiota.
¿Acaso soy idiota, Quin? ¿Por qué me meto yo solo en este lío?
Venía del receso escolar hace unos minutos atrás cuando escuché ruidos en la parte trasera del colegio. Fui a observar, y me topé con un grupo de matones escolares de segundo año, acorralando a un gordito con cara de miedoso. Le estaban haciendo bullying.
¿Qué hago?
¿Debería correr a avisar a los maestros? ¿O simplemente hacer como si no viese nada?
El gordito fue golpeado, y en el piso parecía al borde de las lágrimas. Apreté los puños y me di vuelta para marcharme.
Pero algo en mi subconsciente me retenía. No podía dar el siguiente paso. Escuché detrás las burlas y risas de esos desgraciados, y no podía dejarlo solo. No podía abandonar a ese compañero, pese a nunca haberlo visto.
¿Pero qué podía hacer yo? Pelear nunca fue mi fuerte; de hecho, era patético peleando. Y si iba a buscar a los profesores, probablemente para cuando llegaran, ya todo habría terminado.
Entonces… ¿Qué hago? ¿Qué puedo hacer?
Apreté los dientes mientras bajé la mirada, y allí, en mi línea de visión, vi mi mano derecha, o mejor dicho, la Coca-Cola que acababa de comprar en la tienda de la escuela. Recordé entonces las palabras que mi hermana, oficial de policía, me había dicho una vez.
—Escucha Quin, la policía tendrá muchos defectos, pero...
—Sisi, también quiero cenar Pizza hoy —le había respondido yo, jugando videojuegos en short, con mis piernas sobre la mesa, perezoso, casi sin prestar atención.
Curiosamente, aquel recuerdo ahora volvió a mí.
Alcé la mirada y vi el barandal del techo de la escuela. La azotea. Deslicé mi mirada hacia abajo y vi que los bravucones estaban justo debajo.
Lo siguiente que hice fue una carrera corta para subir a la azotea. Asomé mi mirada para ver a los bravucones. Ninguno se percató de mi presencia, y tampoco se habían alejado.
¡Bien, ahora empecemos!
“¡Jajaja, mira a este gordito Tomas, vamos, cerdito, ahora gatea como el cerdito que eres!”
“Mira toda esta porquería Otaku,” uno de los bravucones pateó varias figuritas de anime que estaban en la mochila del gordito. “Puag, me da escalofríos de solo verlo.”
El bravucón pateó la mochila. Luego, cuando vio una figura de una maga de anime saludándole con la mirada, frunció el ceño, se rio y extendió su pie para aplastarla.
Justo cuando su pie estaba por presionar, sintió líquido en su cabello.
“¿Ah? ¿Qué es esto?”
Líquido negro comenzó a chorrear por todo su cabello. El líquido tocó sus labios y sintió el familiar gusto.
“¿Coca-Cola?”
“¿¡Oye, tú, qué mierda haces allí arriba!?”
Uno de los bravucones gritó apuntando hacia mí. Alcé mi mirada y allí abajo, ese imbécil vio a un nerd cuatro ojos. En mi mano estaba la botella de Coca-Cola vacía.
“Ese nerd… ¿¡me tiró Coca-Cola encima!?”
Su rostro se volvió rojo de la ira.
Arriba, al ser apuñalado por las miradas de “estás muerto” de los bravucones, temblé de pies a cabeza. El miedo me invadió, pero de inmediato, una arrogancia, una valentía surgió al estar allí arriba. Aunque saltasen, no me iban a alcanzar.
“¡Me-métanse con alguien de su tamaño, malditos inútiles!” grité, mi rostro excitado por lo que estaba haciendo.
Me reí y me divertí al ver cómo los matones parecían echar humo de sus cabezas del enojo.
“¡Maldito enano, no creas que te vas a escapar!”
“¡Te vamos a atrapar, hijo de perra!”
Los matones patearon a un lado al estudiante gordo y salieron corriendo. Los vi doblar, y de inmediato, una sensación de pánico comenzó a envolverme.
Oh mierda… la he cagado.
Tras eso, bajé asustado de la terraza y corrí por los pasillos de la tercera planta. Por la ventana, vi a los matones entrando al edificio corriendo como una jauría de jabalíes furiosos. Aterrado, corrí caóticamente hasta llegar al final del pasillo. Sin la opción de volver por miedo a ser descubierto, tuve que entrar al último salón y esconderme en el primer casillero que vi.
Luego de sobrevivir a la catástrofe, me dejé caer sobre una de las camas de la enfermería. Todavía me sentía agotado por mi huida desesperada; la falta de ejercicio ahora estaba haciendo estragos. Respiré hondo y exhalé, me sequé el sudor de la frente y volví a recomponerme.
Asomé mi mirada por la ventana para ver el patio escolar. El club de rugby estaba entrenando en el campus, y varios estudiantes todavía estaban regresando a clases del tiempo intermedio. Entre ellos, divisé al gordito que estaba recibiendo bullying anteriormente, ahora con su grupo de amigos frikis que lo apoyaban y le brindaban consuelo. Me di cuenta de que, cuando el gordito fue atacado, nadie lo ayudó.
“Supongo… que yo soy el único idiota que se mete en problemas.”
Saqué mi teléfono inteligente y abrí un videojuego. Faltaban pocos minutos para que las clases volvieran a retomarse, pero debido a los matones, decidí esperar hasta el último minuto antes de volver. Mientras jugaba, tomé un vaso de agua del dispensador.
Pasaron unos minutos, y el ruido afuera en el campus se calmó. Parece que todos ya habían regresado a clases. Era hora de volver.
Cerré el juego y guardé el teléfono en mi bolsillo. Me arreglé un poco mi camisa escolar y mi corbata. Caminé por el centro del salón cuando me detuve: la luz del techo parpadeó. Y entonces, sentí un leve hormigueo en la suela de mis zapatos.
Esto solo duró unos segundos y después se detuvo. El parpadeo de la luz también se arregló. Casi como si hubiese sido una leve brisa pasajera.
“… ¿lo estaré imaginando?” me pregunté.
Pero el hormigueo repentinamente regresó. La luz parpadeó en fogonazos caóticos, y el hormigueo rápidamente se convirtió en un sórdido temblor. La taza de café en el escritorio y el dispensador de agua comenzaron a sacudirse de un lado al otro.
¡¿Un temblor?! ¿Ahora?
Trastabillé mientras el temblor sacudía todo el edificio. Desesperado por no perder el equilibrio, logré sujetarme al escritorio que tenía cerca. Los temblores no eran algo anómalo, pero extrañamente, esta vez no fue así. En su lugar, el temblor se intensificó con una ferocidad inaudita.
“¡Wao!” grité.
El suelo de la enfermería empezó a sacudirse violentamente. El estante de suministros médicos se estremeció y los frascos internos chocaron con un tintineo frenético; varios frascos de vidrio se rompieron.
Afuera, se escuchaba los gritos de estudiantes y profesores.
Las sábanas de las camas se deslizaron hacia el suelo, y un crujido espeluznante provino del techo. Vi cómo una grieta comenzaba a formarse en el techo como una telaraña. El polvo cayó y la grieta rápidamente se extendió hacia la pared que unía la enfermería con el resto del edifico.
Desesperado, intenté correr, pero el movimiento era tan caótico que apenas pude mantenerme en pie, tropezando con una silla.
“¡Maldición, esto no es normal!”
El aire se llenó del sonido de vidrios crujiendo y hormigón agrietándose.
¿Voy a morir aplastado?
Pensé con rostro pálido mientras los muebles eran tirados al suelo por el temblor. Vi cómo la ventana de la enfermería se fracturó y, por un segundo, la luz del día se apagó de forma abrupta. Era como si el sol hubiese desaparecido.
Todo el entorno fue consumido por la oscuridad.
El crujido se convirtió en un rugido ensordecedor mientras un pedazo de hormigón se desprendió del techo. Solo llegué a sentir terror puro e incomprensibilidad ante la escena. El sol se fue. ¿Cómo pudo irse el sol? ¿Qué sucede? Esos fueron mis últimos pensamientos antes de sentir un golpe seco en mi cabeza.
El golpe me arrancó de mi eje y luego todo se apagó…
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