Capítulo 2 — El campamento (versión verano)

Despertó con la boca seca y un dolor sordo latiéndole en la cabeza.

Parpadeó varias veces antes de entender que no estaba en su habitación. El techo era bajo, de madera oscura, cruzado por vigas viejas. El aire estaba cargado, espeso, con olor a sudor seco y a hierbas machacadas. Sentía la piel pegajosa, como si no se hubiera refrescado en horas.

Cuando intentó incorporarse, un mareo lo obligó a apoyarse en la cama.

Llevó la mano a la cabeza y tocó la venda. Estaba bien ajustada, limpia… reciente. Ese detalle lo inquietó más que el dolor.

Desde afuera llegaron voces juveniles, risas desordenadas y el golpe repetido de madera contra madera. Entre ese ruido, una voz más grave gritó una orden, y varias risas se apagaron de golpe, no todas.

Con cuidado, se puso de pie y caminó hasta la puerta del barracón. Al empujarla, el calor lo envolvió.

El sol ya estaba alto.

Frente a él se extendía el campamento. Edificios largos de madera envejecida, sin adornos, levantados para durar más que para verse bien. El suelo era tierra dura, resquebrajada por el calor. A un lado, un grupo de jóvenes vestidos con túnicas blancas practicaba con palos de madera. Algunos sudaban en exceso, otros se movían con torpeza, y más de uno aprovechaba cualquier descuido del instructor para burlarse del compañero de al lado.

—¡Postura! —rugió el sirviente mayor, golpeando el suelo con su bastón.

Un chico falló un bloqueo y recibió un golpe seco en el brazo. Dos se rieron. Otro comentó algo en voz baja que provocó carcajadas contenidas. Cuando el instructor giró la cabeza, todos adoptaron la postura correcta, fingiendo concentración.

El protagonista se quedó quieto, observando.

Todo se sentía extraño. No había templos, ni estandartes, ni símbolos sagrados. Solo madera, tierra y sudor. Un campamento pobre, pero ordenado. Real.

Avanzó unos pasos. Algunos aprendices lo miraron con curiosidad. Uno señaló su venda y murmuró algo. Otro soltó una risa corta. Nadie se le acercó.

Entonces giró el cuerpo.

Y la vio.

La muralla se alzaba detrás del campamento como una sombra imposible. Negra, maciza, extendiéndose hacia arriba hasta perderse entre nubes blancas. El sol golpeaba sus piedras, pero no lograba volverla cálida. Parecía absorber la luz.

Sintió que se le cerraba el pecho.

Tragó saliva.

—Primera vez visitando la secta, ¿eh?

La voz sonó a su espalda.

Se dio vuelta de inmediato.

Un hombre de mediana edad lo observaba con calma. Vestía una túnica gris sencilla, pero su postura era firme, distinta a la de los demás. Tenía una sonrisa amable, casi tranquila, aunque sus ojos lo medían sin prisa.

—¿Dónde estoy? —preguntó el protagonista—. ¿Qué es este lugar?

—Campamento de aprendices de sirvientes —respondió el hombre—. Ala norte de la muralla. Bastante apartado de la ciudad.

El protagonista frunció el ceño.

—Yo… fui atacado. Había un cultivador. Un monje…

—Lo sé —asintió—. Dos cultivadores pasaban por la zona. Te encontraron con vida y te dejaron aquí. No podían llevarte más adentro.

—¿Adentro de qué?

El hombre giró levemente la cabeza, señalando la muralla.

—De la secta.

Guardó silencio un instante antes de continuar:

—Desde hoy, eres un aprendiz de sirviente.

Sacó un bulto doblado y se lo entregó. Una túnica blanca, áspera, simple.

—Este es tu uniforme. Aquí tienes tu horario. Desayuno al amanecer, tareas asignadas después, entrenamiento al mediodía, etiqueta por la tarde. Y descanso… cuando se pueda.

El protagonista sostuvo la túnica sin reaccionar.

—¿Y si no quiero? —preguntó al final.

El hombre sonrió.

No fue una sonrisa cruel. Tampoco cálida. Fue… adecuada.

—A nadie le gusta el calor al principio.

Se dio la vuelta, pero se detuvo tras unos pasos.

—Ah, y como eres nuevo, tu primera tarea será ligera.

Giró apenas el rostro.

—Letrinas.

Horas después, arrodillado junto a un pozo de madera, con el sudor corriéndole por la espalda y el olor penetrante pegándosele a la piel, entendió algo con absoluta claridad.

No estaba en su hogar.

Y, por lo visto, tampoco estaba en su mundo.

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