CREO QUE ENCONTRE EL TONO QUE DEBERIA TENER MI PROGAONISTA PARA TUTORIAL QUEST: Aquel sonido volvió a escucharse, esta vez más cerca. Sentí cómo los pelos se me erizaban; tragué saliva como si fuera un acto de valentía. Miré en la dirección del ruido y, sin pensarlo mucho (mentira: sí lo pensé), di varios pasos atrás. Con toda la naturalidad del mundo -o al menos intentándolo-, saqué de la mochila tres cuchillos y cuatro sartenes. Me coloqué todos los talismanes que había traído; si alguien me viera pensaría que estoy listo para un exorcismo, no para una pelea. Mi lema: los precavidos siempre llevan más accesorios que dignidad. Antes de venir, había arramblado con todas las cuchillas y talismanes disponibles en la biblioteca. No por cobardía, claro, sino por… previsión. Tras cubrime de talismanes (ahora más rechoncho que siempre por el volumen extra), me puse en posición de combate con la misma seriedad con la que uno se pone una bata de domingo. —Bien, ¡estoy listo! —dije, con vo...
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Mostrando las entradas de septiembre, 2025
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Desperté con la pantalla fría del móvil pegada al pulgar y un zumbido lejano en la sien. Al principio pensé que era el sueño aferrándose a mí, pero unos pasos se acercaron por el pasillo —ligeros, apresurados— y el mundo se volvió nítido en torno a ese sonido. Los tacones se detuvieron al otro lado de la puerta; el picaporte hizo un clic contenido. La puerta se abrió a medias como quien duda en irrumpir en una escena privada. Una silueta delgada se recortó en el marco: una mujer con una carpeta abultada doblada contra el pecho, gafas colgando en un cordón chillón alrededor del cuello. Su figura me resultó familiar en el segundo exacto en que la reconocí: la profesora Susan. Sus ojos se encontraron con los míos y pasaron por varias estaciones en un parpadeo: sorpresa, incredulidad, luego una ira contenida que se convirtió en algo parecido a dolor. Miró al suelo, apretó los puños y la tensión le hundió los pómulos. —El director me dijo que estabas aquí —dijo con la voz suave con la ...
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Era un lunes temprano en la mañana, mientras deslizaba mi dedo por la pantalla de mi teléfono inteligente, escuche unos pasos ligeros pero apresurados que se asercaban. El sonido de los tacones familiares se detuvo al otro lado de la puerta. “¿Quinn? ¿Estás ahí?” Se escucho el clic del picaporte. La puerta se abrió con cuidado, como si quien estuviera detrás dudara en entrar. Una figura delgada cruzo el umbral. Llevaba una carpeta algo doblada y apretada contra su abultado pecho, unas gafas colgaban del cuello con un cordón de color chillón. La reconocí al instante como la profesora Suzanne de mi clase. Ella abrió sus ojos al verme, su expresión en pocos segundos parecía cambiar entre asombro, incredulidad, luego vino un reflejo de ira, enojo; ella parecía reflejar el enojo que yo debería de mostrar, luego su mirada bajo al suelo y apretó sus puños en frustración y tristeza. “…El director me informo que estabas aquí.” Murmulló Susan, su vos tenia ese tono amable característico el ...
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Capítulo 01 Era un lunes temprano en la mañana, mientras deslizaba mi dedo por la pantalla de mi teléfono inteligente, escuche unos pasos ligeros pero apresurados que se asercaban. El sonido de los tacones familiares se detuvo al otro lado de la puerta. “¿Quinn? ¿Estás ahí?” Se escucho el clic del picaporte. La puerta se abrió con cuidado, como si quien estuviera detrás dudara en entrar. Una figura delgada cruzo el umbral. Llevaba una carpeta algo doblada y apretada contra su abultado pecho, unas gafas colgaban del cuello con un cordón de color chillón. La reconocí al instante como la profesora Suzanne de mi clase. Ella abrió sus ojos al verme, su expresión en pocos segundos parecía cambiar entre asombro, incredulidad, luego vino un reflejo de ira, enojo; ella parecía reflejar el enojo que yo debería de mostrar, luego su mirada bajo al suelo y apretó sus puños en frustración y tristeza. “…El director me informo que estabas aquí.” Murmulló Susan, su vos tenia ese tono amable caract...
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Capítulo 0: prologo “¡Desleal, eres una hija desleal!” los aullidos de rabia del rey resonaron en el palacio. Su barba temblaba mientras su enloquecida mirada se centraba en una joven mujer que estaba arrodilla ante su altar de manera lamentable. Su cabello despeinado ya no mostraba el mismo brillo que caracterizaba a la princesa. Su cuerpo temblaba y sus ojos temblaban vacíos de esperanza, las lagrimas se habían secado en sus mejillas. Ella solo podía acurrucarse en un intento por protegerse del cruel mundo. Los caballeros guardianes del palacio miraban con expresiones complejas a la joven y lamentable princesa. Sacerdotes murmuraban entre ellos. “¿Enserio ella lo hizo, pese a la prohibición del rey?” “Así parece, la princesa… traiciono al rey.” “¿El rey morirá ahora?” “Shi!… ¡guarda silencio si quieres mantener tu cabeza! ¡el rey podría escucharte!” “¡Silencio, no escuchen esas burdas profecías, el rey hablara con los dioses y pedida clemencia!”
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Argos. Palacio de Acrisio. Tarde gris. El cielo está cubierto por nubes de ceniza. No llueve, pero el aire huele a tormenta. Las columnas del palacio están talladas con escenas de guerra y linajes divinos, como si quisieran recordarle al rey que su sangre es antigua… y frágil. En el centro del patio, Acrisio camina con pasos pesados. Su túnica real, bordada con hilos de oro, arrastra polvo. Los sirvientes lo evitan. Su rostro está tenso, como si el oráculo aún resonara en sus oídos: “Tu nieto será tu muerte.” Un soldado se acerca, temblando. Le entrega un objeto: una tela manchada con sangre y leche. Acrisio la reconoce. Es de Dánae. Su hija. La que encerró en la cámara de bronce, sellada por piedra y juramentos. La que no debía ver hombre alguno. —¿Qué significa esto? —gruñe el rey, con voz de trueno. El soldado no responde. Solo baja la cabeza. Acrisio sube los escalones hacia la cámara. La puerta está intacta. Los perros guardianes, inquietos. Dentro, el aire es espeso. L...
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Capítulo 01 – Capítulo 01 Loky no recordaba cuando fue la última vez que había visto la luz del sol. En sus sueños, veía ligeros vistazos de recuerdos de cuando era bebé. Pequeñas escenas borrosas y distorsionados de ser acunado en los brazos de una mujer hermosa de la cual, no podía recordar su rostro ni su nombre, pero podía estar seguro de que era hermosa. Su cabello siempre brillaba bajo el reflejo del sol. Su sonrisa siempre lo iluminaba todo. Sus ojos llenos de amor y cariño eran el recuerdo más precioso que tenía. Quizás esos pequeños fragmentos de recuerdos que veía en sus sueños era lo único que lo seguía manteniendo con vida. Al dormir y sumergirse en esos preciosos recuerdos, sentía que por fin de alejaba de su cruel realidad y que era libre. Deseaba soñar para siempre y nunca despertar. Pero la realidad siempre llegaba a él con brutalidad. “¡Loky, rápido cura a este sujeto!” Una orden llego. Adormecido, loky despertó para ver al carcelero abri...