capítulo 2: Mis ojos recorren la estructura de piedra infinita, pero mi mente no logra procesar del todo lo que veía. Siento un vacío en el estómago, un vértigo que me obligaba a echar la cabeza hacia atrás al punto de dolerme el cuello en un intento por alcanzar a ver la cima, el final de esta enorme y majestuosa arquitectura, pero aun así, la cima de la muralla parecía perderse entre la bruma y las nubes, como si alguien como yo, una simple hormiga ante semejante inmensidad, no tuviera calificado de ver el final. Es demasiado grande, demasiado… impresionante. Una muralla capaz de alcanzar las nubes. Una muralla que divide el reino de los dioses y el de los simples mortales. Esta era la muralla que separa a la secta espada dorada del resto del mundo. Realmente, me quedo allí, con la boca entreabierta, incapaz de mover un solo musculo mientras la brisa mecía mi cabello. Los sonidos parecían desvanecerse ante semejante presencia. Hasta que una voz rompió el silencio a m...
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Mostrando las entradas de diciembre, 2025
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Capítulo 1: Capítulo1: Para ser sincero, mi ultimo recuerdo en la tierra no fue del todo agradable y lindo. “¡Ahí está! ¡Atrapen al desgraciado!” El grito de los cobradores de deuda resonó en el callejón. Saltando como un gato asustado, me lance a huir. Mi sombrero Deerstalker de doble viseras se cayó en el camino. Mi abrigo inverness cape se meció con el agitar de la situación y lodo fangoso se pegó a la gabardina. Incluso la pipa falsa de plástico que venía con el traje cosplay del icónico detective se perdió en el camino. “¡No lo pierdan, va disfrazado!” “¡Se fue por la calle trece!” “¡Va disfrazado, el hijo de perra va disfrazado de Sherlock!” Ruidos de persecución recorrieron las calles. Salte sobre un contenedor de basura, deslizándome hábilmente y luego, gire hacia la izquierda. El semáforo cambio a verde. Me apresure a saltar entre los autos, mientras llegue hasta una escalera de escape. Un cobrador de deuda apareció en una esquina, corrió hacia mi y salto para...
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Capítulo 2 — El campamento (versión verano) Despertó con la boca seca y un dolor sordo latiéndole en la cabeza. Parpadeó varias veces antes de entender que no estaba en su habitación. El techo era bajo, de madera oscura, cruzado por vigas viejas. El aire estaba cargado, espeso, con olor a sudor seco y a hierbas machacadas. Sentía la piel pegajosa, como si no se hubiera refrescado en horas. Cuando intentó incorporarse, un mareo lo obligó a apoyarse en la cama. Llevó la mano a la cabeza y tocó la venda. Estaba bien ajustada, limpia… reciente. Ese detalle lo inquietó más que el dolor. Desde afuera llegaron voces juveniles, risas desordenadas y el golpe repetido de madera contra madera. Entre ese ruido, una voz más grave gritó una orden, y varias risas se apagaron de golpe, no todas. Con cuidado, se puso de pie y caminó hasta la puerta del barracón. Al empujarla, el calor lo envolvió. El sol ya estaba alto. Frente a él se extendía el campamento. Edificios largos de madera en...
Diario - Un día en el campamento de Aprendiz de Sirviente
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Fragmento del diario de un aprendiz de sirviente Día 173 desde que llegué al campamento Hoy me despertó el ruido de alguien cayéndose de la litera de arriba. Fue un golpe seco, seguido de un insulto ahogado y varias risas. Nadie se levantó para ayudarlo; aquí aprender a caer también es parte del entrenamiento. El gong sonó poco después. Tres golpes. Todavía me asustan, pero menos que antes. Salimos del barracón empujándonos un poco, medio dormidos. El suelo estaba húmedo por el rocío y uno de los nuevos resbaló apenas cruzó la puerta. Dos se rieron. Otro le gritó que mirara por dónde caminaba. Cuando el supervisor apareció al fondo del patio, las risas se apagaron como si nunca hubieran existido. Desde el patio se ve la muralla. Siempre se ve. A veces alguno dice que parece más grande cada día. Nadie sabe si lo dice en serio o solo para asustar a los nuevos. El desayuno fue gachas aguadas y pan duro. Uno se quejó en voz baja. Otro le dijo que dejara de llorar y comiera. Al fina...
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Prólogo Inhalé el cigarrillo, llenando mis pulmones de humo mientras me recostaba cómodamente en el banco del parque, observando las estrellas. La noche no era ni fría ni cálida; una de esas raras noches de verano que se sienten… justas. Exhalé el humo con una leve risa cuando sentí la vibración en el bolsillo. Mi teléfono sonaba, pero no me molesté en atender. Cerré los ojos, dejándome llevar por el rumor distante de los autos que cruzaban la avenida cercana y el canto de los grillos escondidos entre los arbustos. La brisa mecía los árboles. El teléfono seguía vibrando. —Jeje… Reí por lo bajo y dejé que siguiera sonando. La risa se me quebró sola, transformándose en una burla dirigida a mí mismo, a mi situación, a toda mi vida. La angustia y la depresión me pesaban encima como una losa. Me sentía perdido. Vacío. Abrí los ojos y miré el remitente. Tal como imaginaba, era mi esposa. O… tal vez ya debería empezar a llamarla mi exesposa. La había descubierto siendo infiel en nuestra propi...
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Capítulo 2 El campamento de los que no importan Despertó con una presión sorda en la cabeza. No fue dolor inmediato, sino una molestia persistente, como si alguien hubiese apretado su cráneo con demasiada fuerza y recién ahora aflojara. Alzó una mano de forma automática y tocó algo áspero. Vendas. Parpadeó varias veces. El techo era de tela. No una lona moderna, sino una tela gruesa, opaca, sostenida por postes de madera. La luz se filtraba de forma irregular, y el aire tenía un olor extraño: polvo, sudor seco… y algo más, difícil de identificar. Se incorporó con cuidado. El mundo no giró, lo cual fue una buena señal. Aun así, su cuerpo se sentía pesado, como si no hubiera dormido en días. Bajó las piernas del catre y apoyó los pies descalzos sobre la tierra compactada. Tierra… No piso. No baldosas. Tragó saliva. Desde afuera llegaban sonidos. Voces. Muchas. Algunas jóvenes, otras más graves. Golpes secos, pasos sincronizados, respiraciones forzadas. —¡Otra vez! ¡Mal...
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PRÓLOGO — PRIMERA MITAD (REESCRITA CON LA VOZ DEFINITIVA) 🌌 El parque Inhaló el cigarrillo hasta que el humo le pesó en el pecho y se recostó en el banco del parque. Las estrellas seguían ahí arriba, tranquilas, lejanas, como si nada hubiera cambiado. La noche era templada, demasiado amable para alguien que ya no esperaba nada. Exhaló despacio cuando el teléfono vibró en su bolsillo. No miró la pantalla de inmediato. Cerró los ojos y dejó que los sonidos lo envolvieran: el tráfico distante, los grillos ocultos entre los arbustos, el roce constante del viento moviendo las hojas. Todo seguía funcionando. El mundo no se había detenido solo porque el suyo se había venido abajo. —Jeje… La risa escapó sola y murió enseguida. No había humor en ella. Era cansancio. Una burla silenciosa hacia sí mismo, hacia las decisiones que lo habían traído hasta ese banco. Miró el teléfono al final. Tal como esperaba, era su esposa. O lo que quedaba de ese título. Lo apagó sin dudar. No había ...
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prologo: Inhaló el cigarrillo, llenando sus pulmones de humo mientras se recostaba cómodamente en el banco del parque, observando las estrellas. El ambiente no estaba ni frío ni cálido; era una noche templada, agradable para ser verano. Exhaló el humo con una leve risa al sentir la vibración en su bolsillo. Su teléfono sonaba, pero no atendió. Cerró los ojos, complacido con el rumor de los autos que cruzaban la avenida cercana y el canto de los grillos entre los arbustos. La brisa mecía los árboles, y el teléfono seguía vibrando. —Jeje... Rió y dejó que siguiera sonando. Su risa pronto se tornó en una burla hacia sí mismo, hacia su situación y hacia toda su vida. La angustia y la depresión lo consumían; se sentía completamente perdido. Vacío. Observó el remitente y, tal como imaginaba, era su esposa. O bueno, a partir de ahora quizás debería llamarla "ex esposa". La había descubierto siéndole infiel en su propia casa. Mientras él realizaba un viaje de negocios, ella metía a ...